Haití sufre un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter, seguido de una serie de réplicas, que deja una cifra de más de 200.000 muertos.
El caos se apodera de un país destruido, cuya imagen encarna la capital, Puerto Príncipe, especialmente castigada por el seísmo.
Los daños materiales se valoraron más tarde en entre 6.000 y 10.000 millones de euros, según el Banco Interamericano de Desarrollo, lo que situaría al seísmo como el desastre natural más destructivo de la era moderna, por encima el tsunami que afectó principalmente a Indonesia en 2004.